Cine

Navajeros: retrato de la juventud posfranquista

La película Navajeros fue estrenada en octubre de 1980 bajo la firma del director Eloy de la Iglesia. Se trata de una coproducción española-mexicana de género quinqui que narra las vivencias de un joven al que llaman «El Jaro» —interpretado por José Luis Manzano—, un adolescente de apenas quince años que se convierte en un buscado delincuente del estrato social más bajo del Madrid posfranquista.

Magdalena Ewa Borkowska

La película Navajeros fue estrenada en octubre de 1980 bajo la firma del director Eloy de la Iglesia. Se trata de una coproducción española-mexicana de género quinqui que narra las vivencias de un joven al que llaman «El Jaro» —interpretado por José Luis Manzano—, un adolescente de apenas quince años que se convierte en un buscado delincuente del estrato social más bajo del Madrid posfranquista.

A lo largo de la película, el espectador se ve sumergido en el contexto de la delincuencia juvenil masiva que se dio entre los setenta y los ochenta en España. La temática de Navajeros es subversiva: denuncia la pobreza, la delincuencia, la represión policial y el mundo del narcotráfico a través del entorno exterior que rodea a la banda criminal de «El Jaro». Se trata de una obra que representa «una violencia que genera más violencia» bajo el paradigma del Arma de Chéjov: si aparece una navaja, una escopeta cargada o una pistola en escena, es porque se va a usar.

El hilo argumental que une las piezas del film es, además de las aventuras y desventuras del protagonista, la historia que cuenta el narrador interno: un periodista que está realizando un reportaje sobre la delincuencia juvenil en España y quiere escribir la historia de «El Jaro», uno de tantos jóvenes que ven el crimen como única vía para salir de la pobreza.

En marzo de 1981, El País publicó una crónica que explicaba las causas de esta delincuencia masiva que retrata Navajeros: en 1980, cada día había 1000 parados nuevos, es decir, que a finales de año hubo en total 1 620 000 personas en paro en España. Nos sorprende todavía más que en este mismo artículo se explique que el sindicato de la Unión General de Trabajadores (UGT) declaró que los efectos del paro estaban incidiendo especialmente en el sector de la juventud, que cada día estaba siendo más marginado, por lo que se sentía sin esperanza ni ilusión. Es en este punto donde la realidad se cruza con la ficción y aparece el género cinematográfico conocido como «cine quinqui».


Imagen: Recuperado de Navajeros, 1980 de @_cinefilos_ (Twitter) 

Este género se hizo popular durante las tres últimas décadas del siglo XX, cuando la inseguridad política y económica del país se tradujo en obras que narraban las vivencias de jóvenes del estrato social más bajo. Además, sirvieron como análisis de la organización social, pues generalmente criticaban la represión policial y los intereses políticos y económicos dominantes.

Las películas quinquis tratan la delincuencia desde el punto de vista del adolescente que (casi) se ve forzado a robar por necesidad, sin obviar que en muchos casos sugieren que la adrenalina que sienten al atracar bancos, robar coches o consumir drogas es su realidad, y por lo tanto se sienten cómodos con ella. Cabe destacar que algunas de estas obras son biografías de personajes populares mitificados con los años, como «El Vaquilla» en la trilogía Perros Callejeros o en la película Yo, «el Vaquilla», ambas de José Antonio de la Loma.

La violencia, el sexo, las drogas y la marginalidad acompañada de delincuencia son los cinco grandes ejes sobre los que gira el género quinqui. Generalmente, la mayor parte del reparto es amateur, a fin de darle mayor realismo a las escenas y al diálogo, que está basado en la jerga de la calle y en la lealtad al grupo como primer principio de la ética de los protagonistas. Tanto en Navajeros como en las demás películas del género, los actores personifican engranajes de un sistema que los dirige hacia la delincuencia: vivir en el extrarradio implica tener que robar. Además, siempre adoptan una actitud pasiva hacia las consecuencias que puedan conllevar sus actos; viven bajo el lema «muerte a la policía y viva la golfería».


Imagen: Recuperado de Navajeros – Eloy de la Iglesia (1980).  “Los hombres no se hacen criminales porque lo quieran, sino que se ven conducidos por la miseria y la necesidad”. Así arranca Navajeros, centrada en la vida de ‘El Jaro’, alter ego de multitud de jóvenes del extrarradio madrileño de @crzdfotografia (Twitter)

Volviendo a Navajeros, la música es clave en la película. Imitando a Stanley Kubrick en La naranja mecánica, Eloy de la Iglesia funde escenas de desmesurada violencia con música clásica de Chopin y Tchaikovsky, lo que sirve como metáfora para aventurarse a mostrar el «arte de la delincuencia». También aparecen el mítico grupo madrileño Burning con «Escríbelo con sangre» y Rumba 3 con «No te quedan lágrimas», que se van alternando según requiere la ocasión.

La revista cinematográfica Fotogramas clasifica la película Navajeros como el segundo mejor film de género quinqui, detrás de Perros Callejeros (1977). Navajeros es una obra representativa y emblemática dentro del género y la historia del cine español. El cine quinqui resulta ser uno de los mejores testimonios públicos de la realidad de la España de entre los años 70 y 80, pues refleja los problemas sociales, económicos y laborales de un país sumido en la miseria, siempre desde la perspectiva de los barrios marginales.

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