Reseñas de libros

«Frankenstein o el moderno Prometeo»: una novela a la orden del día

Belén Collado reseña el gran clásico escrito por Mary Shelley, «Frankenstein o el moderno Prometeo».

Belén Collado

Portada del libro. Recuperada de Ediciones Cátedra.

Título: Frankenstein o el moderno Prometeo

Autor: Mary W. Shelley

Número de páginas: 356

Editorial: Cátedra

Idioma: Castellano

Encuadernación: Tapa blanda

ISBN: 978843761402100230

Año de edición: 2020

Plaza de edición: Madrid, España 

Cuando oímos la palabra «Frankenstein», lo primero que se nos viene a la mente es la horrible criatura de la película de terror que es de color verde y apenas sabe balbucear unas palabras. Puede que otros recuerden la famosa escena en la que el doctor Viktor Frankenstein, en una lluviosa y oscura noche, dio vida a un ser mediante descargas eléctricas. Pero muy pocas personas conocen la apasionante historia de cómo se creó uno de los monstruos más famosos de la historia. ¿Cómo tuvo Mary Shelley, la escritora de la novela, la idea de crear semejante ser? ¿Es realmente Frankenstein una novela de entretenimiento sin profundidad?

Para comprender todo esto, debemos situarnos en 1816, en Inglaterra. Mary Shelley había iniciado una relación amorosa con el poeta Percy Shelley, pese a que este ya estaba casado y tenía una hija. La joven Mary, con apenas diecisiete años, se fugó junto a su amado Percy para iniciar una vida juntos. En el verano de 1816, la pareja fue invitada por el poeta Lord Byron, amigo íntimo de Percy, a pasar unos días en su castillo localizado en Suiza, concretamente en Coligny, cerca del lago Lemán. Al viaje se unió la hermanastra menor de Mary, Claire, y el médico personal de Lord Byron, John Polidori.

En un principio iban a ser unos días tranquilos de vacaciones. Sin embargo, ese verano la erupción del volcán Tambora en Sumbawa (Indonesia) liberó toneladas de polvo de azufre. Lluvias incesantes, viento, un frío abrumador… Fue tal la radicalidad de las condiciones meteorológicas que el verano de 1816 pasó a la historia como el «año sin verano». Mary y sus acompañantes se vieron obligados a permanecer en la casa. Las veladas transcurrían rápido. Los amigos ocupaban su tiempo hablando sobre los nuevos descubrimientos en ciencia, leyendo novelas góticas, contando historias de terror, etc.

Una de las frías noches, recluidos en la casa debido a las persistentes lluvias, el poeta Lord Byron propuso una competición para ver quién de ellos era capaz de crear la historia más aterradora. En un principio Mary no lograba concebir una historia terrorífica. Se sentía abrumada, pues a sus espaldas llevaba el nombre de dos grandes escritores: su padre, el filósofo William Godwin, y su madre, la feminista Mary Wollstonecraft. No obstante, una noche en que las constantes lluvias no le dejaban dormir, tuvo la visión de un joven estudiante dando vida a una criatura. Fue así como comenzó a idear Frankenstein.

La novela narra la historia del joven doctor Viktor Frankenstein, quien se obsesiona con la idea de crear una vida humana. Va juntando partes de diferentes cuerpos hasta que, una oscura noche, logra su objetivo. La criatura abre los ojos y se levanta de la cama. Sin embargo, es completamente diferente a lo que Viktor esperaba y queda horrorizado al contemplar el ser que ha creado.


Interpretaciones y lecturas de la novela

La novela está abierta a diferentes interpretaciones. Desde un punto de vista autobiográfico, podríamos entender que el monstruo es el alter ego de Mary Shelley. La muerte de la madre de Mary a los pocos días de darle a luz tuvo un gran impacto en la vida de la escritora; siempre se sintió culpable de su muerte y anheló una figura materna en su vida. Su padre se volvió a casar y tuvo otros dos hijos. Ella se veía desplazada y sentía la necesidad de recibir cariño por parte de su padre. Esa falta de amor que experimentó en su vida personal la reflejó en el monstruo de su obra, el cual a lo largo de todo el libro no cesa de pedirle a su creador, el doctor Viktor Frankenstein, que le dé cariño y le cuide.

Otra posible lectura de la novela es entender que Viktor y su monstruo son semejantes, es decir, que ambos poseen un carácter y unas ambiciones similares: son muy vengativos y ambiciosos, necesitan cariño y están dispuestos a llevar sus planes hasta las últimas consecuencias. En un inicio, el monstruo es cariñoso, empático, con buenas intenciones, pero, poco a poco, se convierte en un ser malvado y cruel. La gente lo desprecia, lo insulta; nadie se toma la molestia de conocerlo, pues se dejan guiar por su físico y asumen que es peligroso. Viktor en ningún momento asume las consecuencias de sus actos. No reconoce que la creación del monstruo es responsabilidad suya y se desentiende completamente de sus obligaciones con él. Esto da lugar a uno de los grandes temas de debate que surge a raíz de esta novela: ¿quién es el culpable? Por un lado, Viktor no asume su cometido, y, por el otro, el monstruo justifica su mezquindad aludiendo al hecho de que nadie lo quiere.

Llama la atención que haya tantos temas en la novela que sigan siendo actuales: la venganza, el perdón, el amor, los prejuicios, la ambición y sus límites, el éxito, el bien y el mal, la amistad, las consecuencias de los actos, etc. Personalmente, uno de los que más me sorprendió es la capacidad de crear vida. ¿Qué pasa cuando los hombres sobrepasan el límite de sus capacidades? Cuando Viktor se propone dar vida, no hay nada que le pare y comienza un peligroso juego en el que el hombre intercambia los papeles con Dios. Las consecuencias de estos actos están más que claras.


Relación entre la vida de Mary Shelley, la época y su obra

La obra de Frankenstein se relaciona directamente con la vida de la autora y la época en que fue escrita. Mary se enfrentó a muchos obstáculos para publicar su novela por ser mujer. Incluso la autoría de su novela se atribuyó en un principio a su marido Percy, cosa que él desmintió. Encontramos de nuevo un paralelismo entre la vida de la autora y su obra: el monstruo de Viktor se enfrenta al desprecio de los demás por algo tan superficial como es el físico. Las personas se dejan llevar por la apariencia del monstruo e identifican la fealdad con lo malo, llegando a la precipitada conclusión de que la criatura es mala. Mary Shelley tuvo que afrontar una situación similar. En el siglo XIX no era habitual que las mujeres publicaran libros, y los editores, al ver que la autora de Frankenstein era una mujer, se negaban a publicar esta maravillosa novela que tiempo después se convertiría en un referente de la literatura universal. En efecto, Mary y su alter ego, el monstruo, sufrieron en sus propias carnes los prejuicios de la sociedad.

Como hija del Romanticismo, Mary refleja en su obra esta corriente tan extendida por Europa en el siglo XIX. Los paisajes sublimes, las montañas, los lagos, los ríos, la naturaleza, etc., están presentes a lo largo de toda la obra. También vemos una tendencia al dramatismo, el desdoblamiento de los personajes (en este caso de Viktor y su creación), el egoísmo de Viktor, el cual piensa que todo gira en torno a él, o la figura de la mujer paciente y amable. De este modo, Frankenstein se alimenta de esta corriente estética y de las experiencias de la vida de Mary. Todo esto se ve reflejado y da como resultado la increíble novela que todos conocemos. Mary Shelley fue una pionera, pues publicó una admirable novela en una época en la que las mujeres estaban excluidas de la literatura. Su obra posee una complejidad y riqueza brillante. A pesar del paso de los años, continuamos leyendo su novela e identificándonos con su historia. Los temas que en ella se tratan siguen a la orden del día; incluso se puede realizar una lectura actual de esta. Puede que algunos de vosotros os dejéis llevar por la visión de la película, pero leer Frankenstein es como descubrir un mundo nuevo. Quedaréis fascinados por sus personajes y la trama. Es una obra sublime que todos deberíamos leer.

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