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«Homo bulla»

La pompa de jabón como icono ha ido evolucionando en significado durante toda la historia, en este artículo veremos un breve resumen de ese recorrido junto a ejemplos en el arte.

La vánitas es un género artístico que resalta la vacuidad de la vida y la relevancia de la muerte como fin de los placeres mundanos. Se considera un subgénero del bodegón o naturaleza muerta, por lo general de alto valor simbólico y alegórico: todo acaba muriendo; todo tiene un principio y un fin. En el arte, la representación de este concepto del «fin» es muy recurrente, por lo que existen momentos de auge como la época barroca, romántica o el arte holandés de los siglos XVI y XVII.

Si analizamos un poco el término, encontramos que el sustantivo latino vanĭtas viene del adjetivo vanus («vacío»), todo ello en el contexto cristiano platónico donde lo terrenal es lo etéreo o vacío y lo relevante es la vida del más allá, la eterna. De tal manera, entendemos que la palabra tiene un mayor trasfondo y comprobamos que el vanus cristiano del latín viene del hevel hebreo, con el significado añadido de lo transitorio, mientras que, en la biblia de estudio judía (Tanaj), se entiende como «inutilidad absoluta». Pero… ¿de dónde viene hevel?

Esta palabra se encuentra en varias ocasiones en el libro del Eclesiastés, uno de los 24 libros de la Tanakh, donde se clasifica en uno de los Ketuvim (tercera parte de la Tanakh, precediendo la Torá y Neviïm) y se le suele titular como «escritos». Algo así como el epílogo. Hay estudios que intentan entender el significado total de hevel: la traducción reciente del profesor Robert Alter (The Wisdom Books, WW Norton, 2010) propone «aliento mínimo», lo cual puede dejar un nuevo rastro de estudio y cambiar totalmente los términos, pero esto es otra cuestión.

Todo es vanidad, Charles Allan Gilbert (1892)

«Todos los vicios dan treguas; el glotón se agita, el deshonesto se enfada, el bebedor duerme, el cruel se cansa, pero la vanidad del mundo nunca dice basta, siempre locura y más locura». Baltasar Gracián sobre la vanidad. El arte de la prudencia.

Un buen ejemplo de vánitas y vanidad lo podemos encontrar en la Alegoría de la vanidad, de Juan de Valdés. Las vánitas en el barroco eran bodegones donde se aludía a la fugacidad de la vida y donde residían naturalezas muertas tales como la calavera, elemento o tipo característico de la representación de la muerte, o la esfera armilar, que representa el universo y la ciencia. En esta obra expuesta, la esfera se muestra en el centro de la composición y hace referencia a que el saber es inútil ante la llegada de la muerte, de manera que alude a la vanidad del sabio. También encontramos un reloj de arena como representación de lo fugaz, distintas coronas como ejemplo de que la muerte llega a todas las clases sociales, flores marchitas a modo de prueba de que la vida que ha terminado, etc. Cabe destacar, entre todos estos elementos, al niño haciendo pompas de jabón, que es el que nos concierne. Las burbujas son elementos que están presentes desde la antigüedad clásica. Terencio Varrón afirma que, si el hombre es como una burbuja, todavía más un hombre viejo. La fragilidad de la burbuja es usada como elemento simbólico o como alegoría de la muerte.

Alegoría de la vanidad, Juan de Valdés (1660)

Un texto clásico de Luciano nos habla de un viaje de Hermes y Caronte. Caronte necesitaba saber por qué el humano tiene tanto pesar al morir, y Hermes le respondió con una invitación a un viaje en sus sandalias aladas donde le enseñó las vidas de las personas. Caronte observó que había algunas muy viejas y otras muy jóvenes. Hermes las comparó con burbujas, unas más grandes y otras más pequeñas, pero todas explotaban siempre. En época renacentista esta metáfora fue recuperada y difundida. Tenemos el ejemplo que Erasmo de Rotterdam escribe en su obra Adagios (1500): el hombre burbuja, el «Hommo bulla». La inclusión de esta idea es fundamental para la conversión de la metáfora y su entendimiento. Podemos ver el ejemplo en Juegos de niños, una pintura al óleo sobre tabla realizada por el artista del Renacimiento flamenco, Pieter Brueghel el Viejo, en el año 1560. Esta obra presenta a unos niños haciendo pompas de jabón, por lo que es una de las imágenes más antiguas y reconocidas del concepto en una obra. ¿Eres capaz de encontrar la escena?

Juegos de niños, Pieter Brueghel (1560)

Si avanzamos un poco más en el tiempo, encontramos a Jacob Cats, que presenta en su poemario la ilustración de un niño haciendo pompas de jabón en 1618.

Retrato de Adam, con un Putto Wachendorff soplando burbujas, Cornelis Ketel (1574)
Retrato de Adam, con un Putto Wachendorff soplando burbujas, Cornelis Ketel (1574)

Otro ejemplo lo podemos encontrar en el retrato de Cornelis Ketel de 1574, con la particularidad de que es bifaz; detrás de la obra, aparece un niño. Aquí no encontramos ninguna pompa de jabón, ya que el propio lienzo, de forma esférica (es decir, un tondo), es la pompa.

Homo Bulla, Hendrik Goltzius (1594)

El grabado de Hendrick Golxius de 1594 nos muestra a un niño sobre una calavera. De esta manera, crea una relación directa del niño y las burbujas con las vánitas.

Moneda, Giovanni Boldù (1458)

En 1458, encontramos una medalla o moneda con dos niños en ella: uno alado, apoyado en una calavera con una actitud tranquila, y el otro más esquelético, arrepentido. Esta obra de Giovanni Boldù, primera imagen conocida de la alegoría, pertenece a nivel conceptual al círculo de Jan Van Hemessen del siglo XVI, en el que se afirma que, una vez nacemos, empezamos a morir.

El Niño Jesús haciendo pompas de jabón, Hieronymus Wierix (1580 y 1610)

Por su parte, Hieronymus Wierix creó un grabado de Jesús haciendo pompas de jabón, una obra sin parangón ni precedentes que demuestra la fuerza que tuvo este tipo iconográfico en la época.

El «Hommo bulla» tuvo muchas variaciones. Algunas las podemos encontrar en medallones, colgantes, relieves, etc. Incluso se ha representado al propio mundo como una burbuja. Podemos ver este último ejemplo en la obra de Theodor Galle, donde se muestra una zorra inflando el mundo en 1600, o en el tapiz anónimo de Las tribulaciones de la vida humana del siglo XVI, donde aparece el mundo como una gran esfera de vidrio.

Zorra inflando el mundo, Theodor Galle (1600)

El concepto ha sobrevivido al paso del tiempo mutando de forma: en el siglo XVIII, la retórica visual decae hasta la época de la publicidad. Autores como Chardin en 1733, Manet en 1867 o Millais en 1886 presentan pompas en sus obras.

Pompas de jabón, Chardin (1733)
Chico haciendo pompas de jabón, Manet (1867)
Pompas de jabón, Millais (1886)

En 1881, un libro de poemas infantil de Sowerby y Emmerson se refiere a la vida como una burbuja. En el ámbito musical, escuchamos a Kenbrovin o Pereza aludir a las pompas de jabón.

Finalmente y como ejemplo de la distorsión, vemos cómo, en 1886, la obra de Millais, Burbuja, es comprada por una empresa para hacer publicidad de su jabón. Hoy en día, la canción de la propaganda de esta empresa se usa como himno del equipo de fútbol inglés West-Ham United, y, cada vez que suena, se lanzan miles de pompas de jabón al campo.

«O quam cito transit gloria mundi»

(Tomás de Kempis, Imitación de Cristo 1, 3, 6, trad.: «Oh, cuán rápido pasa la gloria del mundo».

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