Arte

«DELIRIUM TREMENS»

La abstinencia alcohólica ha sido una de las de las fuentes artísticas más inspiradoras de todos los tiempos. En este ensayo, Juande Hernández te cuenta las manifestaciones de esta enfermedad.

Juande Hernández (@juandedioshm)

El delirium tremens es la forma más grave de abstinencia alcohólica, y se manifiesta mediante un estado mental alterado y una sobrecarga simpática (hiperactividad autónoma) que puede derivar en un colapso cardiovascular. Un grado de abstinencia menor se presenta en forma de temblores, ansiedad e insomnio, entre muchas otras. El delirium tremens suele manifestarse incluso cuarenta y ocho horas después de haber cesado en el consumo de alcohol.

Una de las características más comunes del delirium tremens es la aparición de alucinaciones visuales zoomórficas. En el campo de la psiquiatría, la sensación de tener insectos bajo la piel recibe el nombre de «síndrome de Magnam» y suele relacionarse con el consumo de sustancias estupefacientes como la cocaína.

La sensación de notar insectos que se arrastran por la piel o por alrededor es llamada «formicación» (deriva del latín «formica»: hormiga), y es una variante específica de un conjunto de sensaciones conocidas como «parestesias» (hormigueo, escalofríos o ardores que aparecen comúnmente en brazos y piernas). La formicación, que es la parestesia que nos atañe, es la más común en el delirium. Cuando el paciente siente que el insecto está bajo su piel, esta deriva en la «parasitosis delirante».

Dichas alucinaciones se basan en la aparición de animales, como ratones o serpientes, o la falsa percepción de tener una visión periférica, algo que está muy relacionado con la morfología de un insecto. El delirium tremens también puede producir alucinaciones sonoras o táctiles. El paciente sufre esta patología de una forma muy potente. Comúnmente, nos referimos a esta perturbación mental como «fatalidad inminente», debido a los constantes sentimientos relacionados con la muerte.

La alucinosis alcohólica es otro tipo de trastorno. En esta encontramos la alteración mental (la alucinosis) y el delirium tremens. Ambos tienen orígenes diferenciados: el primero corresponde a fenómenos visuales irreales, mientras que el segundo, no se da por una alteración de la conciencia, sino en distorsiones de estímulos externos, no necesariamente físicos, sino fisiológicos. El primer trastorno cuenta con una alta tasa de mortalidad entre los que lo sufren.

El concepto del «delirium tremens» se creó en 1813, pero desde 1700 se observan y se catalogan los síntomas. El delirio, apodado como «horror», «dolor de botella» o «fiebre de barril», cuenta con centenares de referencias culturales, como, por ejemplo, los elefantes rosas de la película Dumbo o una escena de la exitosa serie Los Simpsons.

Dumbo – Elefantes Rosas en la Parada (Las ánimas del terror)
Escena Los Simpsons

En el film producido por Disney en el año 1941, aparecen estos animales psicodélicos propios del delirium tremens. Podríamos decir que observar insectos es la antesala a los elefantes. Los animales cantan una canción que relata de forma explícita la sensación que el trastorno provoca:

Serán quizás

parientes de Satanás.

(…)

Terror me dan

(…)

¡Ay qué horror!

¡Déjenme en paz!

¡No puedo más!

(…)

Ya se van 

las animas del terror

Desde hace varias décadas, la psiquiatría identifica los elefantes rosas con los borrachos. También se les asociaba con la visión de reptiles o serpientes dentro de sus botas, como hace referencia la película, también producida por Disney, Toy Story.

Escena de Toy Story (1995), Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios. Dirigida por John Lasseter

Los escritores fueron derivando estas calificaciones y descripciones de las personas bajo los efectos del alcohol, adaptándolas o modificándolas. A modo de historia del eufemismo, podemos encontrar una de las metáforas que se usaban en torno a 1890 para referirse a un hombre embriagado. Un ejemplo sería el de Hipopótamos verdes emplumados que encontramos en Fábulas de nuestros tiempos (1896), de H. W. Phillips .

La obra de Phillips es una clara referencia al delirium tremens, guardando siempre una obvia distancia con la producción artística surrealista. Ambas disciplinas se relacionan por la narración, plástica o literaria, de fenómenos irreales. Es decir, si nos acercamos a las vanguardias guardando las distancias, los fenómenos psiquiátricos y derivados son fuente de inspiración directa para los artistas, sobre todo para el movimiento surrealista y el dadaísta. Este fenómeno no solo se reproduce en la disciplina plástica y la audiovisual, sino también en la literatura más temprana, como la de Phillips, Baudelaire y su pelo azul o Nerval paseando a su langosta en tiempos de bohemia.

Otra clara referencia audiovisual es la película Trainspotting (1996), dirigida por Danny Boyle. La escena en la que el protagonista se desintoxica u otras tan inverosímiles como esta muestran esas alucinaciones producidas por la abstemia de una sustancia consumida asiduamente durante un largo periodo de tiempo.

Escena de Trainspotting (1996), dirigida por Danny Boyle

Un ejemplo del síntoma ya mencionado de la formicación se manifiesta en la película La perfección (2018), de Richard Shepard. Existen muchas otras películas donde esta alucinación se expone al público de una manera contundente, lo que aproxima a los espectadores al género de terror de ciencia ficción.

Escena de La perfección (2018), dirigida por Richard Shepard

Hay que diferenciar de nuevo la alucinación del delirio. Este film expone un delirio, mientras que una alucinación la vemos, por ejemplo, en Miedo y asco en las vegas (1971), del director Terry Gilliam.

Escena de Miedo y asco en Las Vegas (1998), dirigida por Terry Gilliam

En el caso de la literatura, podemos considerar a M. Twain en su obra Aventuras de Huckleberry Finn (1884), cuyo sexto capítulo expone un delirium tremens que sufre un personaje que afirma tener serpientes en las botas e intenta matar a otro pensando que es «el ángel de la muerte».

A nivel plástico, encontramos la obra de Wilhelm Anton Wellner Delirium tremens (1902), donde vemos la alucinación típica de las ratas invadiendo al enfermo.

Delirium tremens (1902), de W.A. Wellner 

Otro ejemplo es Delirium Tremens (1934), de Adriano del Valle, donde podemos ver a esos insectos. Además, se representa esa atmósfera irreal e incómoda mediante elementos simbólicos, como serían el espejo roto, la vela, lo efímero o la muerte. El concepto de lo etéreo y el miedo son elementos muy presentes.

Delirum Tremens (1934), de Adriano del Valle 

El delirium tremens se ha convertido en un espectáculo que hace atractivo aquello que es siniestro y expone explicaciones a conductas irracionales. La enfermedad se convierte en un fenómeno que, pese a sus terribles condiciones, ha influenciado la obra de una gran variedad de autores, como todas las aquí expuestas.

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