Ilustración y fotografía

A orillas de las catedrales

La luz, las sombras, los reflejos, el agua. Agua en calma. Todo un mundo paralelo bajo el horizonte que es igual que la realidad; o solo trata de imitarla, como la pintura en sus inicios. Pintura digital al óleo y reflexión de Mar Colomer.

Mar Colomer Calleja (@maranniral)

Título: A orillas de las catedrales

Tipo de ilustración: digital (Procreate)

Pincel: óleo

Año: 2020

Siempre me ha inspirado el océano. Esa inmensa cantidad de agua que abarca más de lo que podamos imaginar. Los secretos que habrá en sus profundidades. Las criaturas que habitan en él. Me maravilla y aterroriza a partes iguales. Nunca he entendido por qué me llama tanto la atención. Tal vez sea por mi nombre. Tal vez porque es sobrecogedor. Tal vez porque algo en mi interior me dice que vengo de allí, como todos los humanos y los demás animales, y que, irrevocablemente, es a donde pertenezco. Mis pasos me arrastran hacia él. Siempre he querido volver. Pero el agua me devuelve a la tierra, como si me expulsara, porque ya lo hizo una vez. Sin darme cuenta, estoy de nuevo en la orilla.

Cuando veo la puesta de sol en los confines de la tierra, ya sea sobre el mar o simplemente un reflejo en él, pienso que es lo más hermoso que he visto nunca. Me inunda la emoción. Es algo tan sencillo, que ocurre todos los días y que, aun así, no tiene parangón. Los colores pastel se mezclan en el cielo y en el agua. Y ahí está todo el espectro del arcoíris, pero menos concentrado. Otra vez un sentimiento esencial. Todo lo que la vista nos ofrece unido en un mismo lugar. Es como un cuadro. Y entonces tengo ganas de pintar. La luz, las sombras, los reflejos, el agua. Agua en calma. Todo un mundo paralelo bajo el horizonte que es igual que la realidad; o solo trata de imitarla, como la pintura en sus inicios.

Esto no es una puesta de sol, pero pensé que el paisaje, las olas y la manera en la que incide la luz en la escena eran dignos de reflejar. Intento representar el sentimiento de caminar sobre la arena mojada, de adentrarse en ese lugar desconocido que tanto me llama, de estar en un lugar especial. Las gentes de Galicia la llamaron praia das Catedrais por sus gigantescas rocas en forma de colosales arcos y torres similares a los templos cristianos de la época. Me gustaría volver allí, sola, e inspirar.

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