Entrevistas Música

«Todo gira en torno al tiempo»

Clara Romany conversa con José Manuel Franco, profesor de trombón en Sevilla, acerca de la situación del sector de la música clásica en la actualidad.

Clara Romany

Clara Romany

En ocasiones, no hay antecedentes familiares que despierten ni empujen el interés de un niño por la música clásica. Este fue el caso de José Manuel Franco Gómez, quien, con once años, comenzó a estudiar trombón en Sevilla, su ciudad de origen, en la que «la música llenaba las calles en Semana Santa y crecí escuchando marchas de procesión y pasodobles». Más tarde se trasladó a Murcia y continuó su carrera en el Conservatorio Superior de Música y en la Brass Academy de Alicante, y cursó el máster en Interpretación e Investigación Musical de la Universidad Internacional de València (VIU). Actualmente reside en Sevilla, donde trabaja como profesor en la escuela de la banda musical Nuestra Señora del Sol.

El lugar de la música clásica en tiempos del COVID

Hoy por hoy, encontramos noticias en las que las propias orquestas, teatros o compañías ponen de manifiesto la limitación de aforo que se les demanda. José Manuel expone que, además, el Ministerio de Sanidad únicamente ha publicado el origen de un brote del virus en relación con actividades culturales. Por ello, los músicos no entienden dónde radica el criterio para establecer dicha limitación en el aforo, pues existen diferencias notables con otras actividades como el deporte o el ocio. «Auditorios con capacidad para mil personas tienen que limitarse a vender cincuenta o sesenta butacas».

Asimismo, José Manuel señala la idea de la demanda del público alrededor de las actividades relacionadas con el ámbito cultural y, en concreto, el musical:

«Nadie ve a la masa social quejándose porque no puede ir a la ópera; y todas las restricciones que se hacen en torno a la música académica son porque a nosotros como sociedad no nos molesta que se hagan».

La modernidad líquida, la música y el tiempo

Según José Manuel, toda esta cuestión gira en torno al valor que se le da al tiempo, como bien apuntaba Bauman en su obra La cultura en el mundo de la modernidad líquida (1999): «Estamos acostumbrados a recibir en muy poco tiempo gran cantidad de estímulos y muy grandes», afirma José Manuel. Es innegable: actualmente, los géneros con mayor éxito comercial son aquellos que, a lo largo del tiempo, se han ido simplificando y han conseguido provocar un estímulo mayor en un menor tiempo en el receptor.

Un claro ejemplo, según José Manuel, es el género musical del rock que, con una armonía simple y desde su origen hará sesenta o setenta años, se ha ido minimizando en favor de las letras. Lo mismo sucede con otros muchos géneros como el pop, trap, rap, reguetón, etc., que incluso venden el cebo al receptor no a través de la música en sí, sino mediante el propio videoclip que la acompaña. Esa rapidez temporal no únicamente se encuentra en la duración de una composición, sino que también está presente en la propia producción del material y en su tiempo de vida: «La música popular actual no solo se crea rápido, sino que se consume rápido. Pierde su valor al mismo tiempo que se hace, pues al día siguiente habrá un tema nuevo, algo que provocará un nuevo estímulo para el consumidor».

Todo tiene que ver con el tiempo y, como señala José Manuel, en la música académica sucede todo lo contrario: «Un niño puede aprender una canción actual rápidamente. Sin embargo, ¿cómo podemos explicarle que, desde que entra en un auditorio hasta que empieza la obra, pueden transcurrir veinte minutos y, desde que esta empieza hasta el primer clímax, otros veinte? Los estímulos son mucho más lentos en la música académica». Un compositor puede tardar semanas, meses, en componer una pieza; un músico, a lo largo de su vida, jamás dejará de aprender a tocar su instrumento. Y es por este motivo, entre tantos otros, por el que, tal y como afirma José Manuel, «los que disfrutan de ella reciben estímulos de forma mucho más intensa; el tiempo se dilata, se estira».

El ocio y el arte

En la actualidad, tenemos una concepción muy marcada sobre qué es el ocio, y este siempre se diferencia del arte: «Es una batalla que estamos perdiendo, y es difícil que podamos recuperarla otra vez». La sociedad concibe que ir a un bar es más informal, más divertido que ir a la ópera. Así se aprecia la concepción romántica del arte como «sublime» que tanto ha marcado nuestro tiempo y ha quedado como vestigio:

«No debemos olvidar que, si el arte ha llegado a nosotros, es porque durante la historia ha sido prácticamente el único ocio. Solo debemos recordar la música de cámara en las grandes casas de los nobles o las representaciones teatrales en las plazas de los pueblos o corrales de comedias».

Ya no existe dicho interés masivo por el arte, y a día de hoy disponemos de dispositivos que nos permiten obtener cualquier información, dato o archivo en milésimas de segundo. ¿Cómo poder despertar entonces el interés por el arte? José Manuel hace alusión a la idea kantiana de la finalidad sin fin: «Como seres orgánicos, estamos diseñados simplemente para vivir, y por ese motivo el arte no tiene ninguna función en nuestras vidas. Sin embargo, como humanos, tenemos dicha capacidad de aprender, pero sobre todo de elegir».

El músico apunta al hecho de que no debemos obviar la realidad; tenemos que ser conscientes de que, con esta situación, se ha agravado la desvirtuación de la profesión del músico aún más: «Las orquestas están muriendo en toda Europa, los auditorios no pueden vender más de sesenta entradas en ningún lugar y, sobre todo en España, la situación para ellos es precaria». «El talento joven está presente en este país, y eso es innegable», afirma. «Sin embargo, ven pocas oportunidades de llevar a cabo lo que desean, de desempeñar el oficio en el que han estado desarrollándose años. La realidad es que hay músicos españoles alrededor de todo el mundo». Finalmente, el profesor manifiesta que, si hubiese más necesidad, más demanda, por parte de la población, de la sociedad, quizá habría más oportunidades para toda esta gente joven que prevé un futuro muy oscuro, tanto para los que desean volver sus vidas en la música, como para cualquier otro artista de diferente disciplina.

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