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«Si volviera a ser el estudiante que fui, estudiaría muchísimo menos»

Carla Juárez e Irene Castelló entrevistan a Manuel Vilas, finalista del premio Planeta en el año 2019 por su novela Alegría.

Carla Juárez e Irene Castelló

El pasado 26 de octubre, en Parnaso, pudimos presentar a Manuel Vilas, finalista del premio Planeta 2019 por su novela Alegría. El escritor nos concedió una pequeña charla antes de la presentación de la obra en el Ámbito Cultural del Club de lectura del El Corte Inglés moderado por el presidente de CLAVE, Juan Luis Bedins.

Manuel Vilas es licenciado en Filología Hispánica y nos interesó, sobre todo, conocer los entresijos de su formación universitaria: ¿por qué Humanidades?, ¿fue un buen estudiante?, ¿qué le aportó a un Premio Planeta la carrera de Filología?

Vídeo creado por Maria Lozano Bohigues.

Preguntas que no están en el vídeo:

Fue usted un buen estudiante, ¿verdad?

«Pero ahora me arrepiento: si ahora volviera a ser quien fui, viviría muchísimo mejor, estudiaría muchísimo menos y aprobaría igual».

Manuel Vilas.

Yo fui un buen estudiante porque le tenía miedo a morirme de hambre (risas). Como yo venía de una familia de clase media-baja, pensé que estudiar mucho era la manera de que cuando acabara la carrera no me moriría de hambre. Mi obsesión era morirme de hambre. Yo sacaba matrículas de honor porque tenía miedo de morirme de hambre, esa es la realidad. Luego me di cuenta, cuando ya fue tarde, de que no hacía falta estudiar tanto porque no tenía nada que ver estudiar tanto con morirse de hambre. Pero mi cerebro, que estaba ya un tanto peculiar, hizo esa mezcla con morirse de hambre y sacar notas normales, entonces empecé a sacar matrículas de honor, por eso fui un buen estudiante. Pero ahora me arrepiento: si ahora volviera a ser quien fui, viviría muchísimo mejor, estudiaría muchísimo menos y aprobaría igual.

Esto no es bueno decirlo (risas).

La verdad es que para una revista de estudiantes, no (risas).

(Risas) Entonces nos quedamos con lo importante, que es que yo estudié mucho. A ver, hablando en serio, estuvo bien que estudiara mucho, pero lo que sí que es verdad es que yo recuerdo un agobio personal fruto de aquella época y fruto de mi origen familiar. Yo estudié toda la carrera con becas. Sí, quizá me lo podría haber tomado de una manera menos dramática, pero también estuvo bien que estudiara tanto. De algo me ha servido en la vida.

«Uno de los valores que me parecen importantes en la vida es el amor al trabajo. Esto es muy importante: valorar lo que estás haciendo y el trabajo bien hecho. Esto además tiene mucho que ver con la literatura, cualquier trabajo hay que hacerlo bien, sea cual sea».

Manuel Vilas.

Yo he vivido cuatro años en Estados Unidos, y una de las cosas que más me asombraba de la gente es la obsesión de cualquier trabajador de cualquier ámbito de hacer el trabajo bien hecho. Esto me parece importante. Hagas lo que hagas en esta vida, hazlo bien.

Yo me acuerdo una vez, en la casa en la que vivíamos, vino un fontanero que se pegó toda la mañana trabajando. Ya estaba bien lo que había hecho, pero le daba otra vuelta y otra vuelta y otra vuelta… y no se fue hasta que vio el trabajo bien hecho. Al final, una sociedad que tiene este tipo de trabajadores acaba siendo la mejor sociedad del mundo. El trabajador que tiene es un trabajador que no solo quiere que le paguen, sino también quiere que su trabajo sea perfecto. Pero eso es una cosa muy americana, en Europa no lo ves.

Fotografía de María Lozano Bohígues, fotógrafa de la Revista Parnaso.

Al hilo de la narración versificada que presenta la novela, nos gustaría preguntarle por los versos de José Hierro que abren su novela Alegría. No podría haber escogido un inicio que representara de mejor manera la conexión entre el dolor y la tristeza y las aristas de ambos estados de ánimo. ¿Es un referente para usted el poeta José Hierro?

Lo maravilloso de José Hierro es que se dio cuenta de la importancia de ese sentimiento bien jovencito. Él escribió ese libro cuando salió de la cárcel, en el año cuarenta y cinco o cuarenta y seis me parece que salió, y además es una historia muy hermosa, porque él entra en la cárcel por haber ayudado a su padre republicano, y creo que son cinco años que está en la cárcel franquista. Es decir, a ti te quitan cinco años de juventud y sales de la cárcel yo creo que con ira y con ganas de matar a alguien, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, él va con rencor justificado, con amargura justificada, y escribe un libro que se titula Alegría. Entonces, esa clarividencia a la hora de situar cuáles son los sentimientos importantes en la vida, la vi en Hierro y la quise retomar para mi novela. En Alegría hay una exploración de ese sentimiento que a mí me parece importante en la especie humana, y claro, con el uso de esos versos, yo quería homenajear al poeta, porque ahí fue donde por primera vez yo vi centrada y magnificada y explicada la gran dimensión de ese sentimiento, que fue en el libro de José Hierro titulado Alegría. Y a parte, que él dice algo que a mí me parece que es el tesoro de la alegría: «Llegué por el dolor a la alegría». Esa idea me parecía fundamental y, además, está dentro del libro, por tanto, Hierro era el poeta que tenía que estar en el pórtico del libro.

¿Y nos podría decir algún nombre más de algún otro escritor que haya marcado su trayectoria?

Bueno, hay muchísimos escritores. Yo llevo toda la vida leyendo libros, y también ha habido épocas, unas épocas en las que me han gustado más unos, otros… es muy variable eso.

Sí que hay un escritor que a mí me marcó mucho, porque fue el escritor a través del cual yo vi que podía dedicarme a escribir novelas: fue Kafka. Porque yo tengo una historia de amor con Kafka muy rara que es muy larga de contar. Tiene que ver con Ordesa y con una cosa familiar. Mi padre, en los años sesenta, compró las obras completas de Kafka, y yo toda mi infancia la recuerdo presidida por las obras completas de Kafka en una estantería del comedor. Compró también obras de Cervantes, de Dante… Pero bueno, digamos que lo más intrigante es que estaban ahí las obras completas de Kafka, y mi padre esos libros no los leyó nunca. Cuando yo decido leer a Kafka, todavía guardaban el celofán. Tendría veinte años ese celofán. Mi padre todavía no había abierto esos libros. Fui yo el primero que leyó esos libros que mi padre había comprado.

«Entonces ahí hay una especie de dimensión mágica entre la figura de mi padre, esos libros, mi infancia y luego el universo kafkiano, como si todo se mezclara y cobrara una dimensión sentimental maravillosa».

Manuel Vilas.

Kafka, de alguna manera , por todas estas cosas que digo, es un escritor que me resulta especialmente querido. Ahora hace mucho tiempo que no lo he vuelto a leer. Yo me lo leí completo con veintitantos años. Fue hace tres o cuatro años cuando me volví a leer otra vez El proceso, y no lo he vuelto a releer. Hay otra cosa también, otro fantasma importante: en la literatura, en las lecturas, lo que significa para un escritor una obra en un momento determinado de su vida, en otro, puede no volver a significar lo mismo. Si yo leí a Kafka con treinta años, pues a lo mejor tendría que volverlo a leer con cincuenta para ver si me dice lo mismo que me dijo cuando yo tenía treinta.

Para acabar, le queríamos preguntar, Manuel, por un tema que nos ha llamado especialmente la atención de la novela Alegría, y es el tema de la soledad, que está planteada como algo positivo en la novela, o al menos nosotras lo hemos querido ver así. En la página veintinueve, apunta lo siguiente: «En una soledad que fuese una forma de plenitud, de gracia, de majestad, de poder, de gobierno, de ira, de serenidad al mismo tiempo». ¿La soledad es una conditio sine qua non para la escritura de Manuel Vilas?

«Yo creo que la vida madura de cualquier ser humano está marcada por el deseo de paliar esa soledad ancestral. Incluso cuando tú crees que estás compartiendo esa soledad, cuando te has enamorado, cuando alguien comparte su vida contigo, hay zonas de nuestro espíritu que siguen estando en soledad, ¿no?».

Manuel Vilas.

Todas las fotografías han sido realizadas por María Lozano (@marialozan0).

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