Reseñas de libros

Comienza la Odisea

Javier Martínez reseña la Odisea. Viaja con nosotros por esta cumbre de la literatura universal. Déjate seducir, como Odiseo, por este canto de sirenas que vuelve a nosotros de la mano de Carlos García Gual.

Javier Martínez

Ficha técnica

Título: Odisea

Autor: Homero

Traductor: Carlos García Gual

Nº de páginas: 528

Editorial: Alianza Editorial

Idioma de publicación: Español

Idioma de traducción: Griego antiguo

ISBN: 978-84-206-7462-9

Estoy seguro de que has oído hablar del astuto Odiseo, aquel hombre de múltiples tretas que por muy largo tiempo anduvo errante… Porque eso de Ulises es una moda como los calamares: a la romana. Y quizá te hayas preguntado qué traducción es más recomendable por su fidelidad con la original, porque los matices importan…

Pues con la bendición de Atenea, de glauca mirada, hoy te traemos la traducción de la Odisea de Carlos García Gual, admirado filólogo clásico, autor de numerosas obras de divulgación y reconocido traductor que, por encima de todo, se considera un lector —como Borges— que vive feliz entre los antiguos. Además, es uno de nuestros grandes profesores de humanidades, que ha dedicado su vida al estudio y la difusión de eso que los griegos llamaban «paideia». Desde su más tierna infancia, le marcó la visión del mar como ese horizonte de aventuras que compartió con Homero. Fue en una mecedora de la casa de su abuelo donde empezó su amor por el ciego aedo que, como un viejo amigo, ya no le abandonaría. Y, con esta emoción, al final de su maravillosa introducción, confiesa: «Espero, con todo, haber conservado la agilidad e ingenuidad de la narración épica sin perder del todo el aroma poético» (pág. 40).

Carlos García Gual

Pero empecemos ab ovo, como no podía ser de otra manera. Se dice que Homero (siglo VIII a.C.) escribió la Ilíada, un poema de grandeza épica y trágica que nos cuenta la guerra entre los aqueos, con guerreros como Brad Pitt —digo Aquiles, el de los pies ligeros— y los troyanos. Dicen que todo vale en el amor y en la guerra, y en nuestra historia es así. Todo empezó con Paris, un príncipe troyano al que Afrodita le había prometido el amor de la mujer más hermosa. Y esta era, según cuentan las malas lenguas, una chica que nació de un huevo. Déjame que te cuente… Es bien sabido que Zeus no tenía televisión en el Olimpo, y su táctica preferida para conquistar a las mujeres (muy a menudo contra su voluntad) era metamorfosearse en un animal. Así que muy atractivo no debía de ser… En una ocasión, se transformó en cisne, y por eso Helena, su hija, nació de un huevo.

Volviendo a nuestra historia, Afrodita cumplió su promesa e hizo que Helena se enamorara de Paris, que la raptó/sedujo y la llevó a Troya. Pero había un ligero problema: estaba casada. Y al igual que hoy en día no es muy recomendable raptar a la mujer de un narco, tampoco lo era entonces llevarse a la esposa del rey de Esparta, Menelao. Y así empezó la Guerra de Troya que narra la Ilíada. Pero como un buen aedo que sabe crear expectación, Homero no contó el final de esta contienda. Es en la Odisea donde se transmite el tan ansiado desenlace. Los expertos debaten sobre si esta segunda obra fue escrita también por el patriarca de la poesía antigua. Lo que sí que podemos asegurar es que es posterior, porque no repite ningún acontecimiento de la Ilíada, así que su autor la conocía.

Como dice García Gual, la Odisea rompe con la Ilíada: deja de centrarse en batallas y muertes heroicas y vira hacia los viajes y la aventura. Se caracteriza por sus escenarios fabulosos y sus aires novelescos como precursora de todos los relatos y novelas de viajes fantásticos. Pues, como escribió Claudio Magris (pág. 4), «desde los orígenes y desde aquel que quizá sea el mayor de todos los libros, la Odisea, literatura y viaje aparecen estrechamente vinculados, en una análoga exploración, destrucción y recomposición del yo». La Odisea es el primer nóstos, es decir, el regreso al hogar. Esta palabra griega es muy rica en matices, y también hace referencia al dolor por la ausencia de lo querido y a ese negarse a olvidar que impulsa a Odiseo durante diez largos años de vuelta a Ítaca. De hecho, la palabra «nostalgia» deriva de nóstos y de algos (dolor).

Lo que la hace única y muy moderna, además del tema, es su protagonista, que va mucho más allá del héroe guerrero semidivino de la Ilíada. Odiseo es un aventurero marino que sabe seducir y salir de sus problemas por medio de su astucia. Con ello, también es novedosa su estructura, muy compleja y cuidada, y el narrador en primera persona que nos va contando su historia. Finalmente, son únicos los personajes femeninos, de diversa condición y caracterizados con mucho detalle, cuyo papel en la narración es decisivo. Además, la atención que presta en los últimos cantos al mundo de los humildes, así como la descripción del afecto de los sirvientes y de su perro Argos hacia Odiseo, es algo muy llamativo para la época, a la par que conmovedor.

Estatua de Homero en Ceuta. Recuperado de https://www.ceutaturistica.com/fotos/fotos21.htm.

En definitiva, con la Ilíada y la Odisea empieza la tradición literaria occidental. Y los ecos de esta última llegan hasta nuestros días como el lejano canto de las sirenas, pues es raro el libro o la película que no tiene algo de la Odisea. Con razón, los versos de Homero eran la base de la enseñanza en las escuelas griegas de la antigüedad y los niños los aprendían de memoria. El mar, pieza central del relato, se nos muestra como un horizonte de aventuras y mitos, y podemos imaginarnos a los griegos antiguos adentrándose en sus aguas color de vino con sus naves ligeras para comerciar y descubrir nuevos lugares. Es curioso que, al descender de los indoeuropeos del norte, los griegos perdieran la palabra que significaba «mar» y que por eso utilizaran varias palabras para referirse al hogar de Poseidón. Y una de ellas era «pontos», que significa «puente», «camino». Para este pequeño pueblo a orillas del Egeo, el mar era un camino. Como cantaban en su poesía: un camino innumerable. Decía Cavafis en su maravilloso poema Ítaca: «Cuando emprendas tu viaje a Ítaca / pide que el camino sea largo, / lleno de aventuras, lleno de experiencias…». ¿Cuál es tu «Ítaca»?

Bibliografía

García, C. (2004). Prólogo. En Homero. Odisea (p. 9-42). Madrid: Alianza Editorial.

Magris, C. (2008). Prólogo. En Saramago, J. Viaje a Portugal (p. 3-6) [EBook]. Madrid: Alfaguara

Cavafis, C. (1911). Ítaca. En Gil, M. L. (2001).

Waslala: reescritura femenina de la utopía. En Alemany C., Mataix, R., Rovira, J. C. y Mendiola P. (eds.). La isla posible: congreso de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Recuperado de http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-isla-posible–0/html/ff3ea91c-82b1-11df-acc7-002185ce6064_143.html

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