Cine

Insectos en movimiento

Parnaso acude a la 35.ª Mostra de València a ver la ópera prima del director canario Miguel Mejías. Un ejercicio de estilo que rebosa melancolía y tristeza. Un doble viaje físico y sentimental a través de una cámara que sintetiza todos los recuerdos de un pasado anhelado porque ya no está.

Pablo Alberola (@palberola)

Insignificantes. Casi tan pequeños como un insecto. Vulnerables e inconscientes. La muerte nos hace sentir así. A veces nos vemos superados por el dolor o por las dudas, no sabemos hacia dónde tenemos que ir, simplemente nos dedicamos a andar. Caminar sin rumbo fijo buscando respuestas a nuestras propias preguntas. Nos cuesta dejar de lado nuestra memoria y nos anclamos a ella. 

Así empieza La viajante (2020), enseñándonos que por mucho que se mueva el escarabajo boca arriba es incapaz de avanzar. La ópera prima del director canario Miguel Mejías es un ejercicio de estilo que rebosa melancolía y tristeza. Un doble viaje físico y sentimental a través de una cámara que sintetiza todos los recuerdos de un pasado anhelado porque ya no está. Ángela, interpretada por una contundente y fría Ángela Boix, acaba de perder a su madre a causa de una enfermedad y decide emprender una travesía sin destino fijo en busca de su propia identidad. 

Más allá del espacio y el tiempo, la película se convierte en un poema negro y misterioso en el que la realidad y la mente se unen. La historia de dos almas errantes a las que la casualidad acaba juntando, mientras ambos buscan dotar de significado a sus memorias. Pero el escarabajo nos ha enseñado que moverse no significa avanzar. Mejías se vale de la increíble dirección de fotografía de Pablo G. Gallego para presentar la conexión de dos almas solitarias en un mundo vacío en el que muchas veces tenemos que irnos sin saber lo que ocurre. 

Tráiler La viajante (2020) de Miguel Mejías

Una película marcada por los pequeños detalles de la evolución de dos personajes con sus filias y sus fobias que Ángela graba a través del objetivo de la cámara Super-8 de su madre. El director demuestra su amor por el cine y la capacidad de este para ofrecer perspectivas personales y únicas en tiempos de convencionalismos. Un cuento de pocas palabras en el que las imágenes poseen toda la fuerza.

La Mostra de València da la oportunidad de disfrutar de este largometraje nacido desde las entrañas de su director. Una película que plantea dudas en vez de respuestas. Una historia sobre el duelo y la soledad. Un viaje por el recuerdo que sabemos cuándo empieza, pero no cuándo llegará a su fin. 

Puntuación: 3.5 de 5.

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