Arte eventos culturales

Cazada por Sorolla y Antonio López

Parnaso os cuenta cómo es la exposición de Joaquín Sorolla y Antonio López en la Fundación Bancaja de Valencia.

Violeta Anduig (@violetanduig)

Durante la hora y media que duró el trayecto desde casa de mis padres a mi humilde piso de estudiantes, no dejé de pensar en cómo necesitaba ver una exposición y comerme con los ojos cuadro a cuadro. Desde febrero no pisaba un museo, y el mismo martes me recibían en la Fundación Bancaja dos de las mejores exposiciones que he visto nunca; no por sus cuadros, pues muchos de los importantes no los quieren sacar de su fortaleza (llamémosla Thyssen), sino por el intimismo que hicieron mío durante otra hora y media. No he conseguido ver algo más personal que el realismo de Antonio López y el postimpresionismo de Sorolla.

Subí la primera planta y ojeé la cantidad de color azul que Sorolla utilizaba. Olía a mar aun con mascarilla puesta. La Fundación Bancaja, junto a la colaboración del Museo Sorolla de Madrid y la Fundación Sorolla, ha preparado para este nuevo curso dos exposiciones del pintor de las luces. La primera, que estaba disponible hasta el 12 de octubre, se llama Cazando impresiones pero a quien caza es a ti. La segunda tendrá el nombre de Sorolla en femenino, donde el pintor hace una lectura de la presencia de la mujer en su vida.

Tuve la suerte de tener como guía personal a un loco por la pintura. No digo que yo no lo sea, porque lo soy, pero disfruto de la pintura porque no la entiendo. Así aprendí desde el concepto de «pincelada maestra» hasta la pureza de su pintura, de su luz mediterránea… Me parecía ver a mi abuelo en cada uno de sus cuadros.

La segunda planta, repleta de forofos de López, tuve que visitarla dos veces. En mi primer intento me invadió la soledad que el autor tan bien retrata y, después de Sorolla, no quería mezclar dulce con salado. El culpable fue el famoso cuadro de la Gran Vía vacía. Y qué vacía yo. Nunca pensamos que ese cuadro de 1974 se hiciera realidad por culpa de un enemigo invisible.

Cuando volví a los dos días, la Gran Vía seguía vacía, pero el riego de gente que le visitaba no cesaba. Dejando atrás sus esculturas Hombre y Mujer, cada obra de López me parecía un estudio único y meditadamente preciso de la humanidad y sus espacios. El mismo autor reconoció que «una obra nunca se acaba, sino que llega al límite de sus propias posibilidades».

A diferencia de ellos y su insaciable pintura, quedo satisfecha con mi trabajo de retratar de la mejor forma posible lo que sentí con sus obras, porque es inexplicable.

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